lunes, 28 de mayo de 2012

UN MUNDO ENLOQUECIDO Y POLITICAMENTE DESASTROSO

 Dar más dinero allá es tan inútil como echarle perfume a un bollo”
Rodrigo Mesa

En un mundo enloquecido y políticamente mal gobernado, la actitud de conducta alterada no tiene paralelo, tal vez este tipo de enfoque tiene una aplicación como una enfermedad destructiva socialmente.

Para los políticos que creen que son personas sinceras, están confundidos con frecuencia acerca de su propia falta de honestidad con ellos mismos. Esta afección se puede ver en las generaciones de autores liberales que buscan mejorar el mundo a través de programas gubernamentales y las soluciones.

¿Cómo puede un jugador experimentado y cosmopolita declarar sus propios sueños en un escenario mundial, vendiendo la idea a la sociedad de que el planeta seria un mejor lugar para vivir, si su política se convirtiera en universal, se aplicara y cumpliera?

¿Qué tan amplio es su punto de vista personal, cuando tantos funcionarios consideran que están haciendo el trabajo noble del hombre hecho dios del Estado?

Basta con mirar alrededor del mundo, pudiendo  cualquier persona racional y honesta concluir que la política no ha mejorado la condición humana, dado que esta cuestión es incompatible con los seguidores de los sistemas gubernamentales, la colectiva llamada de atención no es pedir y evitar a toda costa la pregunta existencial, de que el verdadero propósito de la política es la de servir a la humanidad y facilitar así una percepción válida para un mundo mejor.

Estos  problemas de los servidores públicos y su aspecto valioso de los logros, hoy en día es la conformidad con los dictados gubernamentales no naturales. Los burócratas expresan no prescindir de la equidad social por su contribución y el rendimiento, pues ellos son recompensados por su conducta destructiva social en el servicio al Estado.
La angustia que es inevitable de este conflicto social exige un remedio. Pero como todos son ególatras hambrientos de poder, para tener el dominio en las manos, no hacen ningún esfuerzo por evitar juicios de valor. El bien y el mal son tan "reales", como los residuos sólidos y una tostada quemada. Así que es  bastante claro que hay mejores y peores formas de vivir la vida. Las excelentes maneras que ellos llaman auténtica.

Para vivir auténticamente significa ser consciente de si mismo, de sus circunstancias (arrojado), de su mundo social (naturaleza caída), de su deber de crear usted mismo (comprensión), de la inevitable de la ansiedad, la culpa, y de la muerte. Esto significa más que aceptar estas cosas en un acto de autoafirmación, significa la participación, la compasión y compromiso, por parte de estos gobernantes.

Para el ciudadano común, una civilización populista basada en una cultura de organización política, es el estándar para llegar a la cura.  ¿Qué persona razonable y reflexiva da fe de que tal modelo existe en la realidad de hoy día? Un enfoque existencial para hacer frente a la enfermedad delirante de la opresión pública es la aceptación, la defensa de una estructura fracasada políticamente, de auto-destrucción, pues la  política es la definición misma de la locura.

En lo más recóndito del cerebro es un timón para la conducta moral. Se llama conciencia. El bien y el mal que se conocen  y las acciones éticas reales que pueden y deben ser observadas, son el enlace que equipara la obligación de aceptar las destructivas públicas como necesarias y legítimas habituales de un loco. La negación de la realidad de la comunidad es un objetivo primordial del Estado. La adhesión individual de la regla se basa en la deshumanización, ilusión y la amenaza de dolor. Defensa del gobierno decadente e inmoral. La negación no es un mecanismo de defensa duradera. Y la defensa de lo indefendible es una locura pura.

Ahora bien

¿Quiénes son los locos? ¿Usted por elegirlos? ó ¿Ellos por elegidos?